miércoles, 7 de septiembre de 2011

Jorge bucay

Había una vez una princesa que quería elegir un novio que sea digno de ella, que la ame verdaderamente, con una condición: elegiría a un novio entre todos aquellos que fueran capaces de estar 365 días al lado del muro de la pared del edificio del palacio donde ella vivía, sin pararse y sin separarse ni un día de ese muro. Y se presentaron algunos cientos, o centenares  miles de pretendientes a la corona real. Pero claro, al primer frío la mitad se fue, cuando empezaron los calores se fue la mitad de la otra mitad. Cuando empezaron a gastarse los cojines y se terminó la comida, la mitad de la mitad de la mitad también se fue. Y finalmente habían empezado el primero de enero. Y finalmente cuando entró diciembre y empezaron los fríos, había quedado solamente un joven. Todos los demás se habían ido, cansados y aburridos, pensando que ningún amor valía la pena. Solamente un joven, que había adorado a la princesa desde siempre estaba allí. Anclado a esa pared, a ese muro, esperando pacientemente a que fueran los 365 días. La princesa, que había despreciado a todos, cuando vio que este muchacho se quedaba y se quedaba, empezó a mirarlo con otros ojos, diciendo "este hombre quizás me quiera de verdad". Lo había espiado en octubre. Había pasado frente a él en noviembre. y en diciembre disfrazada de campesina le había dejado un poco de agua y un poco de comida. Lo había visto a los ojos y se había dado cuenta de su mirada sincera. Y le había dicho al rey: "Papá, creo que finalmente vas a tener un casamiento, este hombre es el hombre que de verdad me quiere". Y el rey se había puesto contento, y había empezado a preparar todas las cosas para la boda, y le había echo saber por medio de la guardia al joven que el primero de enero cuando se cumplieran los 365 días, le esperaba en el palacio porque quería hablar con él. Todo estaba armado, el pueblo estaba contento, todo el mundo esperaba ansiosamente el primero de enero. El 31 de diciembre, en al noche, después de haber pasado 364 noches allí, el joven se levantó del muro y se fue. No  pudo quedarse a cumplir aunque había estado todo ese tiempo. Y fue hasta su casa a ver a su madre, y la madre le dijo: "hijo, querías tanto a la princesa, estuviste 364 noches, 365 días y 364 noches, y en el último día te fuiste, ¿qué pasó? ¿no pudiste aguantar un día más?". Y el hijo le dijo: "¿sabes qué madre? me enteré que me había visto, me enteré que me había elegido, me enteré que le había dicho a su padre que se iba a casar conmigo, y a pesar de eso, no fue capaz de evitarme una sola noche de dolor, pudiendo hacerlo ¿no pudo evitarme una sola noche de sufrimiento? Alguien que no es capaz de evitarte una noche de sufrimiento,  no merece de mi amor ¿verdad mamá?".
Cuando tú estás en una relación, y te das cuenta que pudiendo evitarte una migaja de sufrimiento, el otro no lo hace, es porque todo se ha terminado.

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